Victor Stainmann Almoner · The Freemason’s Library & Ritual Archive
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Filosofía · 30 March 2026

A nivel: una breve filosofía de la igualdad

La herramienta más antigua de la logia enseña una clase precisa de igualdad: ni la uniformidad ni la abolición de la jerarquía, sino una disciplina de la consideración.

De todas las herramientas, el nivel es la más exacta en lo filosófico. No pretende que todas las piedras tengan el mismo tamaño —ningún constructor podría creerlo—, solo que toda hilada de un muro debe asentarse fiel a una misma horizontal, o toda la estructura se inclina hacia su ruina.

Así con la igualdad de la logia. La masonería nunca ha pretendido que sus miembros sean idénticos en talento, riqueza o condición; sus listas van de reyes a escribientes, y siempre ha sido así. Su afirmación es más estrecha y más difícil: que existe un plano —llámese consideración moral— en el que cada hombre debe quedar situado exactamente a nivel con cualquier otro, sea cual sea su altura en lo demás. El príncipe no está por encima del plano; el indigente no está por debajo.

Esto es una disciplina, no un sentimiento, y como todas las disciplinas se practica en pequeños mecanismos: los títulos dejados en la puerta, los cargos que rotan, la votación en la que el voto de cada miembro pesa lo mismo, el ágape fraternal donde la precedencia es ceremonial y el vino se comparte. Ensayado mensualmente durante años, el nivel deja de ser una proposición que un hombre cree y se convierte en un reflejo de cómo percibe: el portero y el catedrático llegan a su atención a la misma altura.

La filosofía política lleva tres siglos discutiendo si la igualdad significa identidad de resultados o de oportunidades. La logia ofrece en silencio una tercera lectura más antigua que ambas: la igualdad como una práctica de la atención, renovable en cada tenida, compatible con toda diferencia honesta de logro. No redistribuirá la propiedad ni acallará la ambición. Hace algo previo a la política: adiestra la mirada que toda política justa requiere, la mirada que ve, bajo cada uniforme y cada mandil, la misma piedra inacabada que aguarda el mismo cincel.